El segundero del reloj en el estudio de Mega parecía sonar más fuerte que nunca la noche del 2 de agosto de 2026. Para Dominga López, esos minutos finales no eran solo el desenlace de un concurso de belleza; eran la culminación de un viaje que había comenzado ocho años atrás, cuando una adolescente de 16 años caminaba por primera vez bajo las implacables luces del modelaje publicitario en Chile.
Durante años, Dominga prestó su rostro a marcas como Corona y Opposite, aprendiendo a golpes de madurez a blindar su amor propio contra los estrictos y a menudo crueles cánones de la industria. Su mente, sin embargo, exigía más que una pose perfecta. Se refugió en las aulas de la Universidad del Desarrollo, devorando libros de comunicación hasta colgar en su pared el título de Periodista en 2023. El periodismo le dio el arma más poderosa de su arsenal: la palabra. Pero el escenario seguía llamándola, un impulso que la llevó a estudiar teatro y actuación, moldeando una estampa que muy pronto el país entero reconocería
La verdadera explosión mediática llegó envuelta en misterio y ritmos urbanos. Dominga se transformó en el "Ángel Negro", la musa conceptual que guio el fenómeno musical de Kidd Voodoo. De pronto, aquella joven viñamarina ya no solo desfilaba; dominaba el escenario del Movistar Arena y provocaba el delirio colectivo en el Festival de Viña del Mar 2025. Los focos de la música urbana la catapultaron al ojo público, pero el destino le tenía reservado un escenario aún más imponente.
Cuando se anunció su candidatura por Viña del Mar para Miss Universo Chile 2026, las miradas se posaron sobre ella con lupa. La noche de la gran final, la tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo. Frente a rivales de gran peso como Catalina Vallejos y Scarlette Hermosilla, el momento de la verdad llegó con la ronda de preguntas. El jurado lanzó un dardo complejo: un polémico proyecto de ley sobre derechos reproductivos. Mientras el país contenía la respiración, la periodista y actriz tomó el micrófono. Con elocuencia, Dominga apeló a la empatía y al rol protector del Estado, catalogando cualquier retroceso como un golpe a la sociedad. La ovación fue unánime. Minutos después, la corona se posaba sobre su cabeza.
Pero la gloria mediática es un arma de doble filo. En cuestión de días, mientras su cuenta de Instagram estallaba con más de 200,000 nuevos seguidores, las redes sociales mostraron su rostro más amargo. Una oleada de críticas se ensañó con sus rasgos, cuestionando su nariz por no encajar en la simetría hegemónica tradicional de una reina. El drama digital estaba servido, pero subestimaron a la periodista. En septiembre, plantada frente a las cámaras de TVN y las páginas de Revista Sarah, Dominga López ejecutó su declaración más viral y poderosa, una frase que sepultó el ciberacoso: "Yo me amo. No voy a cambiar mi cara porque a la gente no le guste".
Hoy, el murmullo de los detractores se ha ahogado en el eco de sus propios pasos de pasarela. Con la mirada fija en el Coliseo José Miguel Agrelot de San Juan, Puerto Rico, Dominga entrena sin tregua para el próximo 24 de noviembre. La niña que empezó modelando ropa juvenil hoy carga con la banda de todo un país, lista para demostrarle al universo que la belleza chilena no se opera: se defiende con orgullo, intelecto y carácter.

Recommended Comments
Join the conversation
You can post now and register later. If you have an account, sign in now to post with your account.
Note: Your post will require moderator approval before it will be visible.